Entender cómo las preocupaciones y otras características de la madre en el contexto de la familia de alto riesgo desempeñan un papel tanto en la temprana identificación y curso evolutivo de los hermanos infantiles de los niños con autismo es una vía importante para seguir investigando.

Por lo general, los padres son los primeros en notar diferencias en el desarrollo de su hijo y por lo tanto sirven como el primer paso en la identificación temprana y el acceso al tratamiento los niños con trastornos del espectro autista (TEA). Este es el motivo por el que varios estudios han investigado la utilidad clínica de las preocupaciones de los padres en la predicción de un diagnóstico. Los padres de niños con TEA reportan niveles elevados de preocupación a partir del segundo año de vida.

Varios estudios han investigado la posibilidad de que los padres de niños con TEA pueden ser particularmente sensibles a la aparición de los síntomas conductuales en los niños que nacen después. Se ha demostrado poca relación entre las preocupaciones de los padres y el comportamiento infantil temprano en el primer año de vida del hermano del niño con TEA. Esto sugiere que distintos factores están contribuyendo al aumento de la frecuencia de preocupación de los padres en las familias con un niño mayor diagnosticado. Una posibilidad es que este aumento refleje una hipervigilancia general con respecto al desarrollo del bebe. Dado que son considerados ‘bebés de alto riesgo, por tener un hermano con TEA, esta hipervigilancia temprana no es injustificada.

En este estudio se encontró que en las madres de los recién nacidos de alto riesgo fueron significativamente más propensas que las madres de lactantes de bajo riesgo para informar preocupaciones sobre el lenguaje, comunicación social, y comportamientos restringidos y repetitivos, pero no en otras preocupaciones médicas generales.

Un examen más detallado de las preocupaciones maternas revelan que a los 6 y 9 meses de edad del niño, el número de informes acerca de la comunicación social y las preocupaciones sobre TEA es significativamente mayor en el grupo de alto riesgo. A los 12 meses, significativamente más madres de niños de alto riesgo que de bajo riesgo reportan comportamientos restringidos y repetitivos y otras preocupaciones, como el lenguaje, relacionadas.

No hay diferencias en las preocupaciones entre las madres de bebes de alto riesgo que luego no serán diagnosticados y las de madres de bebes con el mismo riesgo que sí recibirán un diagnóstico de TEA.

El hecho de que las preocupaciones maternas no fueron significativamente más frecuente entre las madres de lactantes diagnosticados posteriormente con TEA, incluso a los 12 meses, es consistente con estudios previos. Los datos presentados aquí sugieren un valor predictivo limitado para las preocupaciones de las madres durante el primer año de vida. Por otro lado, las primeras preocupaciones de las madres de alto riesgo reflejan factores relativos a la pertenencia a grupos de alto riesgo más allá de los síntomas infantiles de TEA.

A los 6 meses, casi un tercio de las madres de alto riesgo informó al menos una preocupación por su bebé relacionada con el autismo, sin embargo, estas preocupaciones no se asociaron significativamente con cualquiera de las variables consideradas aquí. Por lo tanto, parece probable que las preocupaciones maternas a esta edad reflejan amplios efectos de la situación de riesgo, incluyendo el conocimiento de dicho riesgo y la hipervigilancia correspondiente. Como se señaló anteriormente, esta hipervigilancia se justifica teniendo en cuenta tanto el alto el riesgo de recurrencia de TEA y la frecuencia de dificultades en el lenguaje y comunicación en esta población.

A los 9 y 12 meses, correlaciones moderadas entre preocupaciones maternas y el comportamiento infantil concurrentes fueron observadas en el grupo de alto riesgo en su conjunto. Las madres de niños posteriormente diagnosticados con TEA no fueron más propensas a reportar preocupaciones que las madres de bebés de alto riesgo no diagnosticados. Esto no es inesperado dada la heterogeneidad de los síntomas de comportamiento tempranos que surgen durante este período para ambos grupos de lactantes. De hecho, la diferenciación de los recién nacidos de alto riesgo que serán luego diagnosticados con TEA de los sean diagnosticados con otro trastorno o tenga un desarrollo típico es un desafío central para la medicina.

A pesar de las limitaciones de este estudio, los resultados presentados ofrecen información importante sobre el contexto familiar de alto riesgo. En primer lugar, es evidente que un gran número de madres de alto riesgo se preocupan por el desarrollo de sus bebés y que éstas preocupaciones reflejan tanto los síntomas infantiles, así como de la madre y las variables de hermanos.

 

Modificado de: Talbott MR, Nelson CA, Tager-Flusberg H. (2015) Diary Reports of Concerns in Mothers of Infant Siblings of Children with Autism Across the First Year of Life. J Autism Dev Disord DOI 10.1007/s10803-015-2383-z

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