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Además del aspecto socio-comunicacional, la segunda característica que actualmente se utiliza para definir TEA son las conductas repetitivas e intereses restringidos (RRB). Este ítem incluye conductas heterogenias como las estereotipias, las conductas repetitivas (verbales y no verbales), los rituales e inflexibilidad, los intereses fijos y restringidos y las reacciones sensoriales atípicas. Estos se pueden observar a través del ADI-R y el ADOS entre otros.

Sin embargo, a diferencia del aspecto social, el análisis de las RRB incluye al menos 2 o 3 subdominios o dimensiones separadas que tienen diferentes evoluciones a través de la niñez y la adolescencia, diferentes asociaciones con la presencia de retraso mental, el nivel del lenguaje y los diferentes géneros.

El primer subdominio se refiere a las conductas repetitivas que incluye tanto a las estereotipias motoras como al uso de objetos ( alinear- girar objetos) y a las respuestas sensoriales anormales ( observar con detenimiento, oler, lamer objetos). Estos hallazgos son muy frecuentes en niños y adultos con TEA. A pesar de que se presentan en casi todos los niños con TEA, comienzan a disminuir en la adolescencia y adultez (especialmente si no hay retraso mental). A si mismo si bien están presentes en bebes, pueden no ser considerados anormales en menores de 2 años.

En segundo lugar, se encuentran las conductas relacionadas con rituales e inflexibilidad. Estas son menos frecuentes y se presentan en aproximadamente el 25% de los niños con TEA. Sin embargo su incidencia aumenta con la edad y tienden a mantenerse estable en el tiempo, incluso en individuos sin discapacidad intelectual. La inflexibilidad parecería ser un aspecto “neurobiológico” mas puro en TEA ya que esta menos relacionado con déficit del lenguaje, retraso mental y otras características comunes en autismo.

Un tercer subdominio se refiere a los intereses restringidos por ejemplo obsesión con una película o personaje determinado y preocupaciones muy inusuales (tamaños de zapatos, estaciones de tren, radiadores, etc).

Un cuarta conducta incluye a las autolesiones: morderse el brazo o la mano, golpearse la cara o la cabeza. Estas conductas se asocian a discapacidad intelectual, pero es extremadamente raro que se den con la suficiente fuerza como para producir una verdadera lesión. Estudios recientes sugieren que su curso y etiología es diferente al de otras estereotipias motoras como el aleteo o caminar e puntas de pie.. Si bien las conductas autolesivas no son especificas de TEA, son mas frecuentes en esta población que en otras.

Los RRB incluye a un grupo mas heterogéneo y a menudo dependen mucho mas del contexto que el déficit social. El numero e intensidad de RRB a la edad de 2 fue un factor predictivo independiente (además del CI y el déficit en comunicación) para mantener el diagnostico de autismo a la edad de 9. Las conductas repetitivas también se relacionan con el estrés parental, los logros académicos y la capacidad de acomodación de la familia

Relación entre los déficit sociales y las RRB

Actualmente existe un debate acerca de si los TEA siempre tienen RRB. En un estudio reciente solo 9 de 2700 niños con TEA no presentaron RRB. Sin embargo, otro estudio menciona que solo el 50% de los niños con TGD-NE tiene RRB. Estas diferencias podrían explicarse, en parte, por como son evaluadas en los test actuales.

Sin embargo, continua siendo un misterio cual es la relación entre estas conductas y el déficit social/comunicacional de los TEA ya que pareciera no haber relación entre la intensidad o la evolución de los mismos.

La falta de una distribución continua de los déficits sociales y RRB cuando se compara individuos neurotipicos y TEA no sorprende, ya que estos ítems se seleccionan específicamente para discriminar TEA de otras condiciones y también del desarrollo normal. Uno podría decir que lo que actualmente se describe como déficit social y RRB en TEA no son conductas “humanas normales” sino que simplemente significan un “rejunte” de características. Sin embargo, podría existir un déficit cognitivo básico que una ambos aspectos y que tenga otro tipo de distribución mas continua y así los TEA podrían ser mucho mas que la suma de diferentes características.

Otras dimensiones importantes en TEA

Tener un hijo con TEA no implica que no puedan existir otros trastornos en la familia, y de hecho, existen numerosas condiciones comórbidas que incluyen: déficit de atención e hiperactividad, ansiedad, depresión y TOC. Estos deben ser tenidos en cuenta antes de diagnosticar TEA porque pueden bajar la especificidad de los instrumentos de medición actuales.

La presencia de retraso mental también es muy recuente en TEA. A pesar de que el porcentaje de niños con CI mayor de 70 aumentó dramáticamente en los últimos años. La relación entre severidad de los síntomas de autismo y CI es alta. No es sorprendente que los niños con diferentes CI tengan diferentes capacidades que les sirven para compensar los déficits propios del autismo y que los individuos con mayores dificultades en el aprendizaje presenten mas fallas en la comunicación social, déficit de juego simbólico y aumento de RRB. Determinar la presencia de discapacidad intelectual es crucial para poder lograr una adecuada descripción de las conductas de los TEA.

Otras conductas importantes en la calidad de vida de los TEA incluyen el déficit en las funciones ejecutivas, miedos y circuitos de premios. Estos hallazgos si bien no sirven para el diagnostico de TEA, representan aspectos importantes del tratamiento de este grupo de entidades.

Artículo original enviado por: Dra. Alexia Rattazzi -PANAACEA- FB

Journal of Child Psychology and Psychiatry 53:5 (2012), pp 490–509 doi:10.1111/j.1469-7610.2012.02547.x

Catherine Lord and Rebecca M. Jones Center for Autism and the Developing Brain, Weill-Cornell Medical College and New York Presbyterian Hospital/ Westchester Division, White Plains, NY, USA

Foto: KDL Photography | Lookin Cyril Flickr via Compfight cc