Una gran preocupación de muchos padres en los últimos años ha sido la relación que algunos suponían que existía entre las vacunas infantiles y el desarrollo de los trastornos del espectro autista (TEA).

Las vacunas que han recibido mayor atención son las del sarampión, paperas, rubéola (vacunas MMR) y aquellas que contienen timerosal, como la de la difteria, tétanos y la de la tos convulsa. La creciente conciencia de la incidencia del autismo, prevalencia y la supuesta causalidad postulada de las vacunas infantiles ha llevado a la desconfianza de los beneficios de la vacuna y la falta de considerar los riesgos potenciales de no vacunar con el resurgimiento de enfermedades. Por ejemplo, el CDC señaló que hubo picos de sarampión en Estados Unidos y Australia en 2011 y 2012. Es evidente que estas enfermedades que son prevenibles con las vacunas, aún mantienen una presencia dentro de la sociedad moderna. Por lo tanto, la decisión de no dar las vacunas dentro de los calendarios de vacunación debe ser evaluada correctamente con pruebas disponibles.

Este es un estudio sólido que involucró una población muy grande,  lo cual es de gran significancia y no ha encontrado ninguna evidencia del vínculo entre la vacuna y el riesgo de desarrollar un trastorno de espectro autista.  Se realizó un análisis centrándose específicamente en las vacunas MMR, la dosis de mercurio acumulativo y la exposición al timerosal y todo dio negativo.

Como cada tratamiento, las vacunas pueden tener efectos adversos, como por ejemplo, meningitis aséptica, convulsiones febriles y purpurea trombocitopénica en poblaciones específicas. Se encontraron muchas afecciones que es poco probable que estén asociadas con la vacunación, entre los cuales se encuentra el autismo.

Con cualquier tratamiento o comportamiento, hay que sopesar los beneficios y riesgos para determinar qué hacer.  Mientras que la evasión individual de la puede ser considerara como un riesgo, el incremento en la cantidad de padres que deciden no vacunar a sus hijos disminuyó sustancialmente la ” inmunidad de grupo ” entre las poblaciones, lo que aumenta el riesgo de contraer enfermedades potencialmente más serias. Así, el riesgo que se corre al no inmunizar al niño está considerablemente más aumentado. En lo que respecta específicamente al temor de que un niño desarrolle autismo luego de ser vacunado, los resultados de varios estudios muestran consistentemente la falta de evidencia de una asociación entre el autismo, TEA y la vacunación, independientemente de los componentes de las mismas.

En conclusión, este meta-análisis encontró que no hay ninguna evidencia de una relación entre la vacunación y el autismo o trastornos del espectro autista y, como tal, defiende la continuación de los programas de inmunización según las directrices nacionales.

 

Epilogo

El autor comenta que sus hijos han sufrido convulsiones febriles serias luego de ser vacunados. Eso lo llevó a tomar medidas previo a la colocación de las vacunas pero no a dejar de inmunizar a sus hijos.

Recomienda a los padres de niños que tienen reacciones adversas muy evidentes a comunicarlo a los centros de vacunación a sus pediatras para tomar medidas preventivas.

Modificado de: Luke E. Taylor, Amy L. Swerdfeger, Guy D. Eslick (2014) Vaccines are not associated with autism: An evidence-basedmeta-analysis of case-control and cohort studies. Vaccine

Foto: http://www.drgreenmom.com/vaccines/